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Los cuatro evangelios
Qué comparten Mateo, Marcos, Lucas y Juan, en qué se separan y por cuál empezar.
Los cuatro evangelios narran la vida pública, la muerte y la resurrección de Jesús de Nazaret, y no son cuatro copias del mismo texto: cada uno elige qué episodios contar, en qué orden y con qué lenguaje. Empiezan incluso en momentos distintos —Marcos con el bautismo de un adulto, Mateo y Lucas antes del nacimiento, Juan con un prólogo sin relato de infancia—. Las Biblias católicas, protestantes y ortodoxas coinciden en estos cuatro libros y en su orden: a diferencia del Antiguo Testamento, aquí la lista no está en disputa, y las tres tradiciones abren con ellos el Nuevo Testamento.
Mateo
28 capítulos · 1071 versículos
22.983 palabras
Agrupa la enseñanza en cinco discursos largos —el primero es el Sermón del Monte— y enlaza el relato con citas del Antiguo Testamento más que ningún otro.
Buena primera lectura si vienes del Antiguo Testamento o si prefieres la enseñanza reunida en bloques y no repartida por el relato.
El más corto y el más rápido: casi todo es acción encadenada, con poca enseñanza seguida, y sus versículos finales aparecen en más de una forma según los manuscritos, algo que las ediciones suelen señalar en nota.
Buena primera lectura si quieres el relato completo en poco tiempo: cabe en una o dos sentadas.
El más largo de los cuatro; empieza declarando su propio método y su destinatario, da más espacio que los demás a mujeres, pobres y extranjeros, y continúa en Hechos.
Buena primera lectura si te mueve la narración: es el más ordenado y detallado, y sigue directamente en Hechos si quieres continuar.
Otro orden y otro vocabulario: siete «signos», discursos largos en lugar de parábolas y episodios que no están en ningún otro, como Caná, Lázaro o el lavatorio de los pies.
Buena primera lectura si ya conoces el hilo básico del relato y buscas el contraste, o si prefieres un texto reflexivo a una sucesión de escenas.
«Sinóptico» viene del griego synopsis, «ver a la vez»: Mateo, Marcos y Lucas se pueden imprimir en tres columnas paralelas y leerse en horizontal, porque siguen la misma secuencia general —Galilea primero, subida a Jerusalén al final— y comparten muchísimo material, a veces frase por frase. Compartir el esquema no es coincidir en todo: las genealogías de Mateo y de Lucas, por ejemplo, no son iguales. Juan queda fuera de esa comparación porque ordena los hechos de otro modo (el episodio del templo aparece casi al principio, no al final), usa un vocabulario propio y sostenido, sustituye las parábolas breves por discursos largos y dedica buena parte del libro a episodios que no están en los otros tres. Cómo explicar el parecido entre los tres primeros es una discusión abierta entre especialistas; el parecido en sí lo comprueba cualquier lector.
¿Por cuál empezar?
No hay un orden obligatorio ni un consenso. Una opción razonable es empezar por Marcos, que es el más corto y da el armazón del relato en poco tiempo, seguir con Mateo o con Lucas para ver ese mismo armazón ampliado, y dejar Juan para el final, donde el contraste se nota más. Muchas ediciones y planes de lectura proponen justo lo contrario, empezar por Juan, por su vocabulario más sencillo; y el orden canónico —Mateo, Marcos, Lucas, Juan— funciona igual de bien. Cualquiera de los cuatro es una entrada completa por sí solo.
Empieza por un evangelio
Elige uno y léelo entero: un plan de lectura lo reparte en tramos diarios y recuerda por dónde vas.