Las trece cartas que llevan el nombre de Pablo son escritos de circunstancia: cada una responde a una situación concreta —una disputa, una visita aplazada, un envío de dinero, unas preguntas que le han hecho llegar— y sigue la forma de la carta griega de su tiempo: quién escribe, a quién, un saludo, el cuerpo, y una despedida con encargos y nombres propios. Se titulan por su destinatario y no por su autor, al revés que los evangelios. Pablo dictaba: en Romanos el copista se presenta por su nombre, y en varias cartas se señala el saludo final como escrito de su puño y letra. Tampoco son necesariamente todas las que escribió: dos de ellas mencionan cartas suyas que no han llegado hasta nosotros.
A comunidades
- Romanos16 capítulos · 10.267 palabras
A los cristianos de Roma, una comunidad que Pablo no había fundado ni visitado: expone su mensaje por extenso antes de presentarse allí, camino de Hispania, según anuncia en los capítulos finales.
- 1 Corintios16 capítulos · 10.054 palabras
A la comunidad de Corinto, ciudad portuaria de Grecia. Va respondiendo, asunto por asunto, a las noticias y las preguntas que le han llegado: bandos enfrentados, pleitos, matrimonio, la carne que se vende en el mercado, el orden de las reuniones y una colecta.
- 2 Corintios13 capítulos · 6201 palabras
Segunda carta conservada a la misma ciudad y la más personal del conjunto: Pablo defiende su manera de trabajar frente a quienes la critican y organiza la recogida de fondos para Jerusalén. Alude de paso a otros escritos suyos a Corinto que no se conservan.
- Gálatas6 capítulos · 3339 palabras
A un grupo de comunidades de Galacia, en Asia Menor, y la de tono más tenso: discute si los creyentes de origen no judío debían observar la ley de Moisés. Es la única que se salta la acción de gracias con la que suelen abrir, e incluye un relato en primera persona de su choque con Pedro en Antioquía.
- Efesios6 capítulos · 3140 palabras
Dirigida a la comunidad de Éfeso, aunque en algunos de los manuscritos más antiguos falta «en Éfeso» en el saludo, lo que ha llevado a pensar que circulara como carta abierta a varias iglesias de la zona. La primera mitad es expositiva; la segunda, instrucciones sobre la convivencia y la vida en la casa.
- Filipenses4 capítulos · 2307 palabras
A la comunidad de Filipos, colonia romana en Macedonia y, según Hechos, la primera que fundó en suelo europeo. La escribe preso —la carta no dice en qué ciudad— para agradecer una ayuda que le han enviado y dar noticias de cómo está.
- Colosenses4 capítulos · 2154 palabras
A la comunidad de Colosas, en el valle del Lico, que la propia carta dice que no le conoce en persona. Pide expresamente que se intercambie con otra dirigida a Laodicea, a pocos kilómetros, un escrito que no se ha conservado.
- 1 Tesalonicenses5 capítulos · 2062 palabras
A la comunidad de Tesalónica, capital de la provincia de Macedonia. Es una carta de seguimiento tras una estancia corta: cómo les va desde que se marchó y respuesta a lo que preguntaban sobre los suyos que habían muerto. Suele citarse como la más antigua de las trece, aunque la fecha se discute.
- 2 Tesalonicenses3 capítulos · 1108 palabras
Segunda carta a la misma ciudad, mucho más breve. Vuelve sobre lo que allí se esperaba, insiste en que nadie se desentienda del trabajo diario y avisa de que circulan escritos atribuidos a él: por eso señala el saludo final, de su propia mano, como la marca de que la carta es suya.
A personas
- 1 Timoteo6 capítulos · 2660 palabras
A Timoteo, colaborador suyo de años, al que la carta sitúa al frente de la comunidad de Éfeso. Es sobre todo organización: quién enseña, qué se espera de los encargados, cómo atender a las viudas, cómo dirigirse a cada grupo.
- 2 Timoteo4 capítulos · 1853 palabras
Segunda carta a Timoteo, escrita desde la cárcel y en tono de despedida. Alterna encargos muy concretos —que le traiga un manto y unos libros que dejó atrás— con una larga lista de nombres: quiénes siguen con él y quiénes se han marchado.
- Tito3 capítulos · 1140 palabras
A Tito, a quien la carta sitúa en Creta con el encargo de dejar organizadas las comunidades de la isla. Da criterios para elegir a los responsables y pautas de trato para cada grupo de la casa.
- Filemón1 capítulos · 454 palabras
A Filemón, un particular, junto a otras dos personas y la comunidad que se reúne en su casa. Es la más corta de las trece, de un solo capítulo, y trata un solo asunto: Onésimo, esclavo de Filemón, vuelve con la carta, y Pablo pide que se le reciba de otra manera.
Están ordenadas por tamaño, no por fecha
El Nuevo Testamento no las coloca en el orden en que se escribieron, sino, a grandes rasgos, por tamaño y en dos bloques. Primero las dirigidas a comunidades, de Romanos a 2 Tesalonicenses; después las dirigidas a personas, de 1 Timoteo a Filemón. Dentro de cada bloque van de la más larga a la más corta, y cuando dos cartas comparten destinatario se mantienen juntas y numeradas, de modo que el par se coloca por la longitud de la primera. El ajuste no es milimétrico: entre vecinas de tamaño parecido el orden puede invertirse según se mida el original griego o una traducción. Cuál se escribió primero es cosa discutida; 1 Tesalonicenses y Gálatas son las candidatas que se citan con más frecuencia.
Que las trece salieran de la mano de Pablo no es unánime entre los especialistas: la autoría de las tres llamadas pastorales —1 y 2 Timoteo y Tito— y la de alguna otra se discute desde hace siglos por el vocabulario, el estilo y las situaciones que dan por supuestas, y el debate sigue abierto. Dos datos para leerlas con esto en mente: varias nombran en el saludo a un remitente más junto a Pablo (Timoteo, Silvano, Sóstenes), y las trece figuran en el canon del Nuevo Testamento de católicos, protestantes y ortodoxos por igual, con independencia de dónde acabe aquella discusión.
Hebreos no entra en la cuenta porque no lleva su nombre: es el único escrito del Nuevo Testamento que empieza sin remitente, sin destinatario y sin saludo, aunque termine como una carta. Aun así, la tradición manuscrita lo agrupó pronto con las de Pablo —en el P46, la colección más antigua que se conserva, va justo detrás de Romanos— y muchas ediciones antiguas lo titulaban «Epístola de san Pablo a los hebreos». Las ediciones actuales lo llaman solo «A los hebreos»; el Oriente griego lo tuvo por paulino antes que el Occidente latino, que dudó durante siglos, y hoy la mayoría de los estudiosos da su autor por desconocido.