La Biblia no es un libro sino una biblioteca en dos partes. El Antiguo Testamento reúne los escritos recibidos del antiguo Israel, compuestos a lo largo de siglos y casi todos en hebreo, con algunos tramos en arameo: de Daniel 2:4 a 7:28 (el arameo arranca a mitad del versículo), Esdras 4:8-6:18 y 7:12-26, un versículo suelto en Jeremías 10:11 y dos palabras en Génesis 31:47. El Nuevo Testamento es un conjunto posterior y mucho más corto, escrito entero en griego y en un lapso mucho más breve —las fechas concretas se discuten—, cuyos libros giran todos en torno a Jesús de Nazaret y las primeras comunidades cristianas. «Testamento» traduce aquí el griego diathḗkē, «alianza» o «pacto», y no un documento de última voluntad. Los dos nombres, además, son de uso cristiano: el judaísmo no llama «antiguo» a nada, porque no reconoce un «nuevo», y a esos mismos libros los llama Tanaj. La otra cosa que conviene saber de entrada es que el índice de la primera parte, la larga, no es igual en todas las Biblias.
Cómo se ordena el Antiguo Testamento
- libros
- 39
- capítulos
- 929
- versículos
- 23.145
- palabras
- 549.197
Las Biblias cristianas reparten el Antiguo Testamento en cuatro bloques, y ese reparto es una convención editorial: no viene rotulado dentro del texto. Primero el Pentateuco —Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio—, cinco libros que van de los orígenes a la muerte de Moisés y llevan dentro casi toda la legislación. Después los libros históricos, de Josué a Ester, que siguen el hilo del pueblo desde la entrada en Canaán hasta la vuelta del destierro. Luego los poéticos y sapienciales —Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés y el Cantar de los Cantares—, que no narran nada seguido: reúnen poemas, sentencias y debates. Y al final los profetas, divididos en mayores (Isaías, Jeremías, Lamentaciones, Ezequiel y Daniel) y menores (de Oseas a Malaquías). Cuidado con esa etiqueta: «mayores» y «menores» va por extensión, no por importancia —Abdías ocupa una página y Jeremías es de los libros más largos de la Biblia—. El orden que aparece aquí es el habitual en las Biblias protestantes; una Biblia católica u ortodoxa encaja además otros libros entre estos mismos bloques.
Cómo se ordena el Nuevo Testamento
- libros
- 27
- capítulos
- 260
- versículos
- 7957
- palabras
- 179.181
El Nuevo Testamento va también por bloques, cuatro. Abren los evangelios —Mateo, Marcos, Lucas y Juan—, que narran la vida pública, la muerte y la resurrección de Jesús de Nazaret. Sigue un solo libro narrativo, los Hechos de los Apóstoles, que continúa el evangelio de Lucas: los dos arrancan con una dedicatoria al mismo destinatario, Teófilo (Lucas 1:3 y Hechos 1:1). Después viene el grueso del volumen, las cartas. Trece llevan el nombre de Pablo, de Romanos a Filemón, y no están puestas por orden cronológico sino aproximadamente de más larga a más corta: primero las dirigidas a comunidades, luego las dirigidas a personas. Hebreos va detrás en las ediciones corrientes, aunque el libro no dice quién lo escribe y su atribución se discute desde la Antigüedad; algunos manuscritos antiguos lo colocan en medio del bloque paulino. Cierran las llamadas cartas católicas o universales —Santiago, 1-2 Pedro, 1-3 Juan y Judas—, donde «católicas» quiere decir «generales», por ir dirigidas a un destinatario amplio: la palabra no tiene aquí ninguna relación con la Iglesia católica. El último libro es el Apocalipsis, que las Biblias inglesas titulan Revelation; es el mismo libro con dos nombres, porque el griego apokálypsis significa «revelación». Y este orden tampoco es universal: en la tradición manuscrita griega las cartas católicas suelen ir antes que las de Pablo.
El índice del Antiguo Testamento no es el mismo en todas las Biblias
Aquí está lo que casi ningún sitio se molesta en explicar. Las Biblias católicas traen dentro del Antiguo Testamento un grupo de libros que las protestantes no imprimen: Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico (o Sirácida), Baruc y 1-2 Macabeos, más pasajes añadidos a Ester y a Daniel. Y no van en un apéndice al final: están intercalados —Tobías y Judit tras Nehemías, los Macabeos tras Ester, Sabiduría y Eclesiástico tras el Cantar, Baruc junto a Jeremías—, así que el índice entero se desplaza. Las Iglesias ortodoxas incluyen esos y algunos más (1 Esdras, que otras tradiciones numeran de otra manera, la Oración de Manasés, 3 Macabeos, el Salmo 151), y ni siquiera entre ellas la lista es una sola: la Iglesia etíope ortodoxa maneja un canon más amplio todavía. Hasta el nombre está en disputa: católicos y ortodoxos los llaman deuterocanónicos, «del segundo canon», porque su condición se debatió en una segunda ronda y no porque sean de segunda categoría; la tradición protestante los llama apócrifos. Elegir una de las dos palabras ya es tomar partido, y por eso esta página usa las dos. Tampoco son un añadido reciente: circulaban en los manuscritos griegos de la Escritura desde la Antigüedad, y las Biblias de la Reforma —la de Lutero, la King James de 1611— los imprimían en una sección aparte entre los dos testamentos; solo a lo largo del siglo XIX se volvieron norma las ediciones protestantes que directamente los omiten. El Nuevo Testamento, en cambio, no está en discusión: católicos, protestantes y ortodoxos comparten sus libros, con la excepción histórica de la tradición siríaca, cuya versión clásica no incluía cinco de ellos.
La Biblia hebrea contiene los mismos libros que el Antiguo Testamento protestante, pero ni los ordena ni los cuenta igual. Se llama Tanaj, acrónimo de sus tres partes: Torá (la Ley, los cinco libros de Moisés), Nevi'im (Profetas) y Ketuvim (Escritos). Entre los Profetas están los llamados anteriores —Josué, Jueces, Samuel y Reyes, que las Biblias cristianas clasifican como libros históricos— y los posteriores: Isaías, Jeremías, Ezequiel y «los Doce», es decir los doce profetas menores contados como un solo libro. En los Escritos van Salmos, Proverbios, Job, los cinco rollos (Cantar, Rut, Lamentaciones, Eclesiastés y Ester), Daniel, Esdras-Nehemías y Crónicas: o sea que Rut, Lamentaciones y Daniel, que en un índice cristiano aparecen junto a los históricos o entre los profetas, aquí caen en otra sección. Por eso el recuento tradicional judío habla de veinticuatro libros, bastantes menos de los que enumera un índice cristiano aunque el contenido sea el mismo: Samuel, Reyes, Crónicas y Esdras-Nehemías cuentan cada uno como uno, y los doce menores también. Y el final es otro: el Antiguo Testamento cristiano cierra con Malaquías, un profeta, mientras que el Tanaj impreso cierra con Crónicas, aunque algunos códices antiguos colocan Crónicas al principio de los Escritos en vez de al final.
Aviso, para que nadie busque aquí lo que no está: este sitio publica el canon de 66 libros, el de las Biblias protestantes. Los deuterocanónicos que se nombran en esta página —Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc, los Macabeos y los añadidos a Ester y a Daniel— no forman parte de nuestro texto: aquí se puede leer sobre ellos, pero no leerlos. Si usas una Biblia católica u ortodoxa, tu índice tiene entradas que el nuestro no tiene, y en Ester y en Daniel ni siquiera la numeración coincidirá del todo, porque esos pasajes van intercalados y desplazan la cuenta de capítulos y versículos. No es un juicio sobre esos libros: es sencillamente lo que contiene el corpus que servimos, y preferimos decirlo por delante antes que dejar que lo descubras buscando.